LEYES CONTRA JUDÍOS EN ALEMANIA

El odio hacia los judíos y la intención de limitar sus derechos se venía desarrollando a partir de la década de 1920, cuando personajes de pensamiento claramente anti-judíos comenzaron a hacer pública su ideología. La intención era segregar a la sociedad judía de la "aria", y abolir o disminuir al máximo posible sus derechos políticos, legales y civiles. Muchos analistas opinan que esta situación se debía en gran parte a la derrota Alemania en la primer guerra mundial y a la necesidad de buscar culpables y “chivos expiatorios” por parte de importantes sectores, sumamente frustrados, de la sociedad alemana.

El acceso de Hitler al poder posibilitó llevar adelante una política concreta y oficial contra la población judía.

A partir de 1933, precisamente el 7 de abril de ese año, fue promulgada la primera ley contra los judíos. Esta ley fue llamada “Ley de la Restauración de la Administración Pública”. Los funcionarios o empleados públicos judíos pasarían a ser “políticamente poco correctos” según la ley, y por lo tanto, serían exentos de la administración pública.

Esta fue una de las normas que luego dejarían afuera a todos los judíos de sus respectivos cargos. A estas leyes se le sumaron otras que limitaban los cupos de estudiantes tanto en escuelas como en universidades publicas. Antes de los juegos olímpicos de 1933 celebrados en Berlín, los nazis iniciaron el proceso de “arianizar” las empresas, que consistía en despedir a todo trabajador judío de su lugar de trabajo.

En 1935 en la ciudad de Núremberg, se emitieron nuevas leyes más amplias y más restrictivas en cuanto a derechos, dando ya el nazismo a entender pública y explícitamente que su ideología era degradar a la población judía a la máxima expresión posible.

“Las leyes de Núremberg” dejaban de lado a los judíos alemanes de la ciudadanía del Reich, como tampoco podían votar ni ser funcionarios públicos. Además, no se les permitía ni casarse ni tener relaciones sexuales con personas alemanas o de sangre alemana. Asimismo se les restringía el acceso a negocios, profesiones y educación. Los nazis reconocían como ser judío a todo aquel que tuviera uno de sus cuatro abuelos judíos, dejando de lado la identificación religiosa de esa persona. Esto quiere decir que mucha población que no practicaba el judaísmo también sufría las consecuencias del odio nazi.

Desde 1937 y 1938, las autoridades alemanas intensificaron las leyes contra los judíos. Ahora, éstos iban a ser empobrecidos y sacados drásticamente de la economía alemana, ya que se les quitaría su trabajo y se les exigiría registrar su propiedad. Los nazis prohibieron a médicos judíos tratar con pacientes no judíos y les quitaron el título a los judíos abogados.

Se reforzaron las leyes y de esta manera se les prohibía la entrada a las escuelas y universidades públicas, a cines, teatros y centros deportivos a todos aquellos que no fueran arios.

Por último, los judíos fueron obligados a usar una insignia (generalmente una estrella amarilla) para que fueran reconocidos en todos lados y además, los alemanes les sellaron sus pasaportes con la identificación judía.


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